Supimos que nada teníamos que perder como no fueran nuestras vidas tan ridículamente desnudas. Cuando las duchas comenzaron a correr, hicimos de tripas corazón e intentamos bromear sobre nosotros mismos. ¡Después de todo sobre nuestras espaldas caía agua de verdad!
SÍMBOLOS SON IDEALES. Como se dice, no sólo de pan vive el hombre. Por una idea hecha misión el hombre ofrenda su vida. Esto que es tan subjetivo, se transforma en un ideal de lucha. Aunque hoy en México en este río revuelto sin identidad ideológica por qué luchar y con quién identificarse, brilla grandiosa la memoria histórica. Por eso los pueblos elevan su representatividad en signos, colores, cantos que los representan a través de generaciones. La transmisión oral lo certifica: los símbolos de un pueblo, una Patria, la Patria, nuestra Patria.
Dar ejemplo, descubrirse respetuosos al paso de nuestra bandera nacional. El honor de ser miembro de la escolta –exigir que cada alumno sea el mejor estudiante, con altos promedios escolares y conducta intachable, ese es el ideal, en nuestras escuelas nunca debe torcerse esa ética para escogerlos-, hoy, Día de la Bandera.
Junto al Himno Nacional y el Escudo estos nos representan. Por mucho que aquel diputado anciano haya pretendido pasarse de listo, y tratara de explicarles a algunos niños que nuestros símbolos patrios tenían “también” otros colores… “el azul del cielo”, dijo. ¡Aja! Quiérase o no, para todas las clases sociales, las plurales ideologías de los mexicanos, los símbolos patrios son los mismos. Y ningún profesor(a) ponderado cometería la descripción mendaz de ‘inventar’ otros colores de su propio particular albedrío. Todavía existe la tradición y memoria histórica.
Hoy realizaremos ceremonias escolares en miles de planteles por reglamento. Es sólo una parte de nuestra educación nacional. Ese instante cuando pasa la escolta, y ondea su belleza este lábaro, merece un instante de reflexión de los adultos que participen, y éstos rememorarla en las aulas dinámicas, que en México jamás deben estar vacías, desoladas.
Porque el oficio pedagógico de enseñar desde siempre no es lucrativo. Es, por decirlo de alguna manera, una misión. Labor docente que va más allá del salario, éste que siempre será exiguo –más ahora con las burlas de que alcanza infinito para todo: casa, coche, colegiaturas, y otros lujos-, por lo que para quienes expresan que “los maestros sólo trabajan por calendario 200 días del año”, habrá que recordarles que los horarios y supuestas vacaciones son para los alumnos, cuya salud escolar psicológica así lo exige.
Independientemente de nuestra leyenda en la hazaña de Juan Escutia, su significado es una excelsitud. Es eso un bello gesto, cuya profundidad en su momento, y a lo largo del tiempo histórico, sirvió de símbolo y sostén psicoterapéutico al pueblo destrozado, despojado, derrotado y sometido al rebajamiento en su autoestima. En medio de la atroz situación, algunos hechos. La estoica frase del General Pedro María Anaya a su contraparte, Winfield Scott: “Si hubiera parque no estaría usted aquí”. ¡Quizás, sólo quizás! Eso hubiéramos anhelado.
Hoy, Siglo XXI, noticias espeluznantes, por decir lo menos. Las nuevas generaciones de nuestro pueblo requieren esos símbolos. No es sólo cuestión de los mexicanos. Por ejemplo, en algunas poblaciones de Libia, que protestan ante su situación actual, han vuelto a ondear otra bandera, paradójicamente la del antiguo régimen monárquico antes de Gadafi. La exhiben como símbolo de su rebeldía. Algo quieren decir.
Honrar nuestra bandera en todos los lugares y en todo momento a su paso, es refrendar el paso de los héroes, así aunque suene grandilocuente. Es algo que nace desde muy adentro de las fibras personales. Es el símbolo de pertenencia que nos exige, sin saberlo, la concepción del amor a la Patria sentido y reflejado junto a nuestros padres y abuelos, éstos quienes estuvieron más cerca en el tiempo de los sucesos que nos forjaron una Patria amada, aunque no como la necesitamos, en esta hora difícil y dolorosa de muertes y hechos sangrientos sin aparente fin, pero amenazantes. Siempre será benéfico admirar la belleza intrínseca de nuestra bandera. MARISELA ESCOBEDO, 70 días evocándola, ¡su nieta la llama!
hdelgadoraices@yahoo.com.mx
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