Las cosas grandes deben ser dichas con sencillez; el énfasis las estropea.
Sencillez: Es la forma de comportarse de los servidores públicos del Poder Judicial que consiste en actuar de manera natural sin dar muestras de poder.
La película-documental Presunto culpable, que se estrenó este viernes 18 de febrero de 2011, es excelente por su contenido, actuaciones, ambientación, escenarios naturales, sonido, letra de las canciones desde adentro. Presunto culpable nos hace un guiño de las entrañas del monstruo judicial y carcelario. Su exhibición será parteaguas contra las múltiples corrupciones que soportamos en dos sistemas: el penal/judicial de civiles, y el policíaco/penitenciario. Su exitosa presencia en cartelera puede ser un balazo en el pie de los patrocinadores, que lo hacen como una cura en salud, no autocrítica, sino como muestra de apertura clientelista preelectoral.
Este reportero es “visor” aficionado cinero. Cinéfilo por decirlo de alguna manera, desde que muy niño de la mano de doña Conchita íbamos “a ver” la última en el piojito cine Morelos, del corazón de Tepito. Es la prehistoria. Por lo que contemplar esta formidable labor sociológica, ética, estética, con sentido de clase de los abogados/investigadores del CIDE, no sólo es conmovedora, sino una lección inolvidable.
Antes de entrar en lo que considero es la película (porque así se vive más que como un documento cinematográfico de tesis), debo decir que asistí a una función intermedia. Casi sala llena. Al salir más de un centenar de espectadores para ver “la última” –varios con “pin”/distintivo en la solapa identificándolos como abogados: búho o balanza-, adultos y jóvenes mujeres.
Presunto culpable, la mejor evocación del “cinema verité”. Por ahí la huella del maestro Michael Moore (Masacre en Columbine). “Presunto culpable” es incisiva. Dramática. Aleccionadora. Lo que ahí sucede nos lleva a decir que sólo quien ha sufrido un dolor igual es capaz de comprender el sufrimiento inmenso que nos transmiten los protagonistas secundarios de José Antonio Zúñiga, el presunto. Por cierto este preso por más de dos años de su vida robada, tiene carisma para dedicarse a la actuación o compositor. Es un joven típico de nuestras barriadas, que cuenta con el pilar inconmovible de su novia/esposa, típica mujer enamorada (por lo que Presunto culpable es película de amor: a las hermanas y la madre), ésta se prende solidaria a esa víctima a quien le echan “20 años de sentencia”, así nomás.
La infame representante del Ministerio Público, a quien le pregunta: _¿Por qué me acusa? _”¡Pos porque es mi chamba!”. Formidable camarógrafo –manejada con sobriedad y limpieza, sin exageraciones repetitivas, lo que demuestra una labor de edición impecable- exhiben cerros de “expedientes” arrumbados, con decenas de miles de “presuntos culpables” ahí almacenados, quienes no tuvieron la suerte y limpidez de contar con abogados del CIDE (Centro de Investigación y Docencia Económicas), y un maduro/juvenil litigante ejemplar como Rafael, quien se faja de a deveras -¡¡¡gratuitamente!!!- como abogado defensor del “Presunto culpable”.
En este espacio he analizado el tema de las cárceles del DF casi hasta el fondo. Reconocido la labor de defensoría del “Abogado del Pueblo”, Emilio Álvarez Icaza ex ombudsman/CDHDF y su equipo de abogados Visitadores. Sin ellos el infierno y las injusticias de decenas de miles de presos ociosos que ven pasar con resignación y estúpida tristeza su vida carcelaria, sería más terrible porque han sido hundidos –muchos de por vida-, por negligencia, ineptitud, corruptelas y contubernios entre Agentes del Ministerio Público, gendarmes que “cumplen su cuota de “presuntos” para ganarse el bono de ‘premio’; algún personal de algunos Juzgados, y jueces que “nunca ven al “presunto” ni están en los "juicios”, y así permanecen en las 10 cárceles del GDF, más de 44,000 presos (la capacidad instalada en esas prisiones, es sólo para 20,000), de los cuales más del 93% son “presuntos culpables”. ¡¿Qué hacer?!
El escenario de “Presunto culpable” es el Reclusorio Preventivo Varonil Oriente (RPVO), cuyo personal se comportó y aguantó con realismo, respeto y grandeza a los documentalistas, quienes con esa película rebasaron el género “de verdad” documental. Presunto culpable debería ganar Arieles y concursar ya en representación de México en los circuitos internacionales de ese género cinematográfico. Respetado lector, debe verla: gozarla y sufrirla. Presunto culpable, 10 de calificación y mención honorífica.
hdelgadoraices@yahoo.com.mx
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