domingo, 13 de marzo de 2011

Inteligencia y derecho internacional en política exterior

Japón: ¡toda la solidaridad al pueblo hermano! Una palabra de aliento es útil, y con mayor razón si proviene de quienes conocemos lo que es ese dolor colectivo, sólo así se comprende el sufrimiento de los demás.

Los mexicanos estamos furiosos por lo rápido que violentaron nuestra soberanía los traficantes “oficiales” de armas de Estados Unidos de América a través de la frontera común. Más aún por la ofensa a nuestra inteligencia social. Ese alijo de armas detectadas, y el consuelo inmoral de que nos cuenten que con esa arma asesinaron al Agente del ICE, Jaime Zapata, esto, que no es ningún consuelo, puesto que si no lo hubieran asesinado no hubiéramos conocido de ese cargamento que es uno entre mil que han servido, y sirven, para las matanzas contra mexicanos.

El Senado de la República sin importar la procedencia del color ideológico de sus senadores debe esgrimir literalmente las armas que provee el Derecho Internacional para exigir toda la información sobre los contrabandos de armas, con bendiciones o sin ellas del Pentágono y del Departamento de Estado. Y desde luego cesar y enjuiciar a quien resulte presunto responsable desde la Dirección General de Aduanas u otra institución del Estado que debiera saber…

Así como llamar a comparecer de inmediato al embajador de México en Estados Unidos de América, Arturo Sarukán ante las Comisiones unidas de Relaciones Exteriores del Congreso de la Unión, para conocer su punto de vista, y saber si estaba enterado con cables o no filtrados por la conocida agencia informativa. Que informe asimismo, acerca de ese “lapsus” mental del actual gobernador de Texas, Rick Perry, sobre haberse apropiado psicológicamente de Ciudad Juárez, Chihuahua, como “la ciudad más peligrosa de Estados Unidos”, según analiza en estas páginas uno de nuestros articulistas. ¿Fue “lapsus”, es aviso o premonición? Personaje al que por lo menos si hubiera congruencia intelectual entre pares, se le exigiría una disculpa, aun a toro pasado.

En política exterior no se llama diplomacia dejar hacer y dejar pasar. Tiene otro calificativo popular. ¿Acaso no existe nuestra Secretaría de Relaciones Exteriores para, como se dice en lenguaje popular coloquial, “estar al pendiente”, y responder con agilidad patriótica más que mental? Así como se dice en códigos evangélicos que la “verdad siempre es salva”, en lenguaje sociológico se conoce que “la verdad siempre es revolucionaria”, por lo tanto en ese asunto del cargamento ‘número 1000” descubierto de chiripa, es lamentable por lo menos.

En estricta pedagogía política es necesario que despierten hacia una visión de Estado contemporánea del Siglo XXI, aquellos miembros del gabinete presidencial, cuya responsabilidad inmediata es la defensa de la soberanía. Sazonar su desempeño con una pizca de amor a la Patria, aun con mínimo gusto para que siempre esté a punto de la opinión más elevada en la asesoría puntual específica a la Presidencia de la República, ésta que exige en estos momentos nacionales la más aguda sensibilidad y voluntad políticas. No sólo para mantener la rectoría del Estado en todos los órdenes de la vida nacional, sino para mantener o recuperar el prestigio tradicional de México y sus gobernantes, inclusive los gobernadores estatales quienes históricamente han sabido hacer respetar nuestro internacionalismo.

La Historia no es una abstracción. Es un ente superior que tienen los manes de los pueblos para enjuiciar sin pretextos la actuación de aquellos privilegiados que tuvieron en sus manos los destinos de la Patria, como se dice. Esa Historia que juzga, condena o absuelve sin ningún miramiento los actos de las mujeres y los hombres que tuvieron el privilegio de ser quienes representaran el presente y futuro de una Nación.

Por lo que es, por sí mismo, un error político estratégico imperdonable de quienes son mezquinos en tiempo y forma, para no vigilar con vehemencia los asuntos de Estado sometidos a su vigilancia, así sea parcial u oficinesco como algunos se comportan, en estos momentos de peligro para México. El descuido, por decir lo menos, de las aduanas terrestres, marítimas y aéreas por donde ‘pasan’ armas invisibles que asesinan, valga la redundancia que para eso las trafican, compatriotas inocentes civiles, niños, mujeres, e inclusive policías federales y municipales ineptos, incapaces, mal pagados, irresponsables, desorganizados gremialmente, negligentes, infiltrados, traidores a su Patria en cierto nivel, y que por esos contubernios de sometimiento dejan miles de huérfanos y viudas desoladas, cuyas secuelas psicológicas socioculturales todavía no aquilatamos.

Más o menos en el mismo nivel o peor que lo que viven en estos momentos los pueblos de Palestina, Irak, Afganistán, Túnez, Egipto, Argelia, Marruecos, y que tocan a las puertas de Irán, Siria, la República Árabe Saharaui Democrática, y terrible y confusamente contra Libia, regiones que casualmente son las más ricas en petróleo y gas (como Bolivia y Venezuela en América Latina), y que desde hace décadas son consumidores forzados de la compra-venta de armas de todo tipo, pagadas con la producción petrolera, que paradójicamente esa riqueza empobrece a sus pueblos, y enriquece a las industrias de las naciones que las producen. Así la muerte de millones de seres humanos es el alto nivel de vida cuyo pan cotidiano lo amasan con la sangre derramada que provocan los traficantes de armas “asesinas”, quienes fingen no saber o no darse cuenta cómo “las pasan”.

¡Eso es lo que enfurece! Que la solidaridad con la tragedia del pueblo de Japón, no nos nuble la visión de Estado en México para la defensa de nuestra Patria, hasta dejar intocadas su Soberanía, Autodeterminación y No Intervención en los asuntos de otros Estados.

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